
Las armas procedentes de un contexto del siglo VI de Segobriga
Rosario Cebrián Fernández
Ignacio Hortelano Uceda
2024
Museu de Prehistòria de València
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Archivo de Prehistoria Levantina
Vol. XXXV, 2024, e9, p. 185-200
Permanent IRI: http://mupreva.org/pub/1628
Creative Commons BY-NC-SA 4.0 ES
ISSN: 0210-3230 / eISSN: 1989-0508
Rosario CEBRIÁN FERNÁNDEZ a e Ignacio HORTELANO UCEDA b
Las armas procedentes de un contexto
del siglo VI de Segobriga
RESUMEN: Este trabajo da a conocer dos piezas de armamento encontradas en la excavación de
sondeos arqueológicos en un recinto fortificado, construido sobre el solar del antiguo circo romano
de Segobriga. Se trata de un scramasax y un posible angon, que pertenecen a la panoplia habitual de
armas del mundo militar visigodo. Por el contexto arqueológico -técnica constructiva y materiales- y
la morfología de las armas, este recinto fue edificado en el siglo VI y estuvo muy poco tiempo en uso,
a juzgar por la inexistencia de reformas. Las fuentes documentales no ofrecen datos sobre la situación
política en Segobriga durante la mayor parte de esta centuria que nos ayuden a comprender el contexto
histórico de su fundación. Sin embargo, su edificación evidencia un significativo esfuerzo constructivo,
reflejo de la presencia de poderes con una importante capacidad económica.
PALABRAS CLAVE: scramasax, angon, armamento visigodo, Segobriga, siglo VI.
Weapons from a 6th century context from Segobriga
ABSTRACT: This work presents two weapons found in the excavation of archaeological surveys in
a fortified enclosure built upon the remains of the ancient Roman circus of Segobriga. These are a
scramasax and a possible angon, both belonging to the usual panoply of weapons in the Visigothic
military scene. We know, from the archaeological context - construction techniques and materials - and
the morphology of the weapons, that this enclosure was built in the 6th century and, judging by the
absence of renovations, that it was only in use for a very short time. The documentary sources do not
offer any information on the political situation in Segobriga during most of this century that would
help us to understand the historical context of its foundation. However, its construction is evidence of a
significant building effort, reflecting the presence of social groups with significant economic resources.
KEYWORDS: scramasax, angon, Visigothic armament, Segobriga, 6th century.
a
b
Universidad Complutense de Madrid
marcebri@ucm.es
Arqueólogo
ignacio.hortelano@gmail.com
Recibido: 09/09/2024. Aceptado: 08/11/2024. Publicado en línea: 25/11/2024.
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R. Cebrián Fernández e I. Hortelano Uceda
1. INTRODUCCIÓN
El conocimiento de la realidad urbana durante el período tardoantiguo en la Meseta sur ha avanzado de
manera significativa, debido, especialmente, a la investigación arqueológica de los siglos V al VII en
Consabura (Palencia García, 2022); El Tolmo de Minateda-Eio (Gamo y Gutiérrez Lloret, 2017), Oretum
(Poveda y Fuentes Sánchez, 2023), Recopolis (Olmo et al., 2020), Segobriga (Cebrián et al., 2019) y
Sisapo-La Bienvenida (Zarzalejos et al., 2017). De ellas, solo Segobriga se presenta como ejemplo de
perduración habitacional ininterrumpida desde época tardorrepublicana hasta época islámica. El registro
arqueológico segobrigense revela dinámicas urbanas de continuidades, remodelaciones, desmantelamientos
y reconstrucciones, comparables a las documentadas en otras ciudades romanas hispanas que perduraron
en la tardoantigüedad y en la época visigoda como Emerita (Alba, 2018) o Carthago Spartaria (Vizcaíno,
2018).
En estos contextos, las piezas clasificadas como armamento visigodo no son frecuentes. Si abrimos el
foco geográfico, los hallazgos de armas en el centro peninsular se han producido en necrópolis (García Entero
et al., 2017; Catalán, 2015), casi nunca en espacios de hábitat. Este vacío documental debe relacionarse con
la ausencia de excavaciones arqueológicas en espacios fortificados, donde parece más segura la existencia
de elementos de armamento (Catalán, 2020: 48).
La escasa representación de armas de los siglos V al VIII en el registro arqueológico peninsular (Ardanaz
et al., 1998; García Jiménez y Vivó, 2003) confiere un carácter singular a los ejemplares de scramasax y
angon que presentamos aquí. Proceden de un contexto material al que asignamos una cronología tardía,
perteneciente a una fase visigoda, que reocupó el solar del circo con una construcción de prácticamente
3.000 m2 de superficie. Sus sólidos muros exteriores, junto al hallazgo de estas armas, consienten su
interpretación como un recinto fortificado (Cebrián et al., 2019: 206). En su interior se detectan crujías
rectangulares en torno a un patio, compartimentadas y pavimentadas mediante suelos de cal, que podrían
corresponder a zonas de hábitat. Una de ellas se adosa por el sur a una iglesia que, en su interior, albergó
diversas inhumaciones de ritual cristiano (Abascal et al., 2009: 36). La presencia de un considerable
número de silos enterrados en el interior de este recinto resulta significativa, por cuanto puede representar
en relación con el acaparamiento y depósito de las reservas cerealistas (fig. 1).
Fig. 1. Planimetría general de Segobriga con la ubicación del
recinto fortificado edificado en el siglo VI del que proceden las
armas (plano de I. Hortelano).
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Los trabajos arqueológicos desarrollados en esta construcción se han reducido a la retirada de niveles
vegetales y a la excavación de algunas catas durante las campañas de los años 2005 y 2008, llevadas
a cabo con la finalidad de planificar futuras campañas de intervención arqueológica que, por último, e
infortunadamente, no llegaron a desarrollarse debido a la finalización de los programas de excavaciones
arqueológicas sistemáticas en yacimientos castellanos-manchegos a partir de 2010. Posteriormente, una
única prospección geofísica con georradar realizada en 2015 aportó algún dato más a la definición de su
planta arquitectónica. Los dos objetos relacionados con el equipamiento militar visigodo hallados en el
interior de este recinto fortificado parecen manifestar el acuartelamiento de un contingente foráneo sobre el
solar del antiguo edificio para espectáculos ecuestres de la civitas romana de Segobriga, de manera análoga
a lo documentado en Cartagena, donde el hallazgo de armas en el barrio bizantino construido sobre el teatro
romano se relaciona con la presencia de milites Romani (Vizcaíno, 2005).
2. EL LUGAR DE HALLAZGO DE LAS ARMAS. EL EDIFICIO LEVANTADO
EN ÉPOCA VISIGODA SOBRE LA ARENA DEL CIRCO
El gran complejo de época visigoda identificado sobre la arena del antiguo circo se sitúa en la mitad
meridional de su área central, entre los escasos restos documentados de la spina y superpuesto en parte al
tribunal iudicum de su tribuna sur. Describe en planta un rectángulo básicamente regular de 69,75 m de
longitud y 43,50 m de anchura orientado en sentido este-oeste (fig. 2).
Fig. 2. Planta del recinto visigodo construido sobre el solar del circo con indicación de las unidades estratigráficas
mencionadas en el texto. En rayado, la acumulación de materiales de construcción y cubierta identificados y en parte
excavados; con alineaciones se marcan las estructuras reconocidas por georradar (plano de I. Hortelano).
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Constructivamente se define por cuatro largas naves longitudinales que circundan perimetralmente un
espacio central libre, en apariencia, de edificaciones. En los laterales norte y este se han documentado
sendas estructuras de 6,40 m de anchura formadas, en sus fachadas exteriores, por gruesos muros de hasta
1 m de espesor y de 0,60 m en el resto. Sus fábricas se caracterizan por el empleo de grandes bloques
careados de piedra caliza y mampuestos de menor tamaño amalgamados con tierra arcillosa marrón
anaranjada y piedras menudas (UE 9233 y 9298). En ellas solo se ha identificado un único vano (UE 9254)
localizado en el centro de su cara norte, a 26,60 m de su esquina nordeste. Mide 2 m de amplitud y da paso
al interior del recinto que, por lo que indican las anomalías detectadas por medios geofísicos, se caracteriza
por la existencia de diversas paredes perpendiculares erigidas con el fin de delimitar en su interior sucesivos
ámbitos yuxtapuestos a modo de estancias. Estas permanecen totalmente sepultadas bajo extensos niveles
de derrumbe que han podido ser parcialmente documentados, compuestos por acumulaciones desordenadas
de piedras irregulares de mediano tamaño, fragmentos de teja y tierra marrón. Ocupando el extremo sur del
ala oriental, una recia estructura de planta cuadrangular, de 6,35 m de lado, podría constituir la base de un
torreón a modo de atalaya sobre la vía norte de entrada a la ciudad.
En el flanco oeste del complejo se reconoce un edificio orientado en sentido norte-sur que en total mide
27,80 m de longitud máxima por 5,40 m de anchura. Queda definido por muros construidos con bloques
irregulares de piedra y mampuestos de menor tamaño trabados con tierra. En su fábrica se emplean grandes
piedras irregularmente escuadradas para el refuerzo de las esquinas y losas dispuestas verticalmente para
la creación de las jambas de los vanos. Se compone de dos estancias rectangulares de dimensiones muy
semejantes situadas a ambos lados de un ámbito menor central abierto hacia levante. Este mide tan solo
2,70 m de ancho y en su interior se documenta un nivel de derrumbe (UE 9987) compuesto por abundantes
mampuestos y tejas troceadas. Probablemente constituyó la estructura de acceso original al recinto, pero
debió ser cegada posteriormente (UE 9973) en un momento que no ha sido determinado.
A la estancia norte se ingresa desde el este por medio de un estrecho vano (UE 9993) de 1,24 m de
amplitud. Frente a él, y trasdosado a la cara interior de su lateral oeste, se localiza un posible banco corrido
(UE 9994) de al menos 3,50 m de longitud. Un nivel de tejas y piedras (UE 9995), caído sobre un paquete
negruzco y fino de abandono (UE 9996), cubre su interior, de 42,25 m2 de superficie total.
La habitación situada más al sur tiene una superficie total de 30,47 m2 y dispone de dos puertas
prácticamente enfrentadas que se abren a mitad de sus lados largos. El vano exterior (UE 9990), de 1,84 m
de ancho, conserva las dos quicialeras correspondientes a su puerta de doble batiente, mientras que el
opuesto, situado en el lateral oriental, mide tan solo 1,05 m de amplio. Un nivel de derrumbe de piedras y
teja (UE 9997) cubre por completo su interior (fig. 3).
Un edificio singular ocupa la práctica totalidad del costado meridional del complejo, superponiéndose
a los niveles de reocupación tardorromanos de la tribuna y del graderío sur del circo. Este sector ya había
sido objeto de excavaciones a finales del siglo XIX, dirigidas por P. Quintero Atauri bajo el auspicio de
R. L. Thompson, y de limpieza y reexcavación en 1973, bajo la dirección de M. Almagro Basch y de F. Suay,
evidenciándose ya la intensa reocupación en época tardía y visigoda de las que entonces se interpretaron
como carceres del circo (Almagro Basch, 1977: 12 y láms. I y II). Algunas de estas estructuras tienen
orientaciones equivalentes a las del complejo ya descrito e idénticos aparejos, de grandes bloques de piedra
combinados irregularmente con mampuestos de menor tamaño, de lo que cabe deducir que corresponden
al mismo proyecto constructivo.
Los muros, de 1 m de grosor, delinean una nave muy alargada y estrecha cuyos lados largos (UE
9175 y 9177) no corren paralelos entre sí, sino que convergen hacia el extremo oriental. La anchura del
edificio varía entre 6,70 y 6,10 m, siendo su longitud máxima de 40,60 m. El muro UE 9174 con un alzado
conservado de más de 1,30 m, constituye su costado oeste, mientras que en el lado opuesto se remata por
medio de tres muros escuadrados (UE 9031, 9044 y 9049) que forman un pequeño ábside cuadrangular de
3,60 m de lado, retranqueado 1,20 m con respecto a los laterales de la construcción. Un posible machón de
0,90 m de anchura, soportado sobre un sillar sobresaliente 0,80 m de la cara interna del muro sur, se sitúa
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Fig. 3. Proceso de excavación de los niveles de derrumbe
del extremo sureste del recinto fortificado visigodo
(fotografía de I. Hortelano).
a una distancia de 5,35 m de los hombros definidos por el ábside. Demarca un ámbito de cabecera en cuyo
interior se reconoce la estructura de diversas tumbas de inhumación, dos de ellas yuxtapuestas al muro
norte, otra ocupando la zona central y al menos una cuarta, y tal vez otra más, junto al muro meridional.
Se registran, de igual modo, un mínimo de otras siete sepulturas en el resto del edificio, especialmente
agrupadas hacia su extremo oriental, siempre orientadas en paralelo a su eje longitudinal y ocupando los
laterales de la nave, así como un número no determinado de ellas situadas en torno a su ábside.
El estado de conservación del conjunto no permite identificar la ubicación exacta del acceso al edificio,
cuyo interior ha perdido su nivel de circulación original como consecuencia de su sobreexcavación. No
obstante, resulta admisible proponer que se dispusiera en su flanco norte, abierto al patio central del
complejo.
En este espacio central, que aparentemente permaneció a lo largo de este período libre de construcciones,
los únicos indicios documentados arqueológicamente son numerosas estructuras subterráneas de
almacenamiento. Se distribuyen de manera irregular preferentemente fuera de los ámbitos construidos,
habiéndose reconocido al menos dieciséis por medios geofísicos y otros tres en excavación.
El lugar de hallazgo de las armas se sitúa en el lado norte de este complejo. Se recuperaron en un
nivel de abandono previo al derrumbe de las estructuras constructivas –muros y cubiertas–, que constituye
uno de los estratos excavados en esta área que ha proporcionado más elementos de cultura material. Un
número significativo de los fragmentos cerámicos se enmarca cronológicamente entre finales del siglo I y
la siguiente centuria y, verosímilmente, procede de la alteración de los paquetes infrapuestos relacionados
con la construcción del circo. No obstante, la datación del contexto se establece en función de un conjunto
homogéneo de producciones propias del siglo VI (fig. 4), como son varios bordes de cerámica de cocina
(inv. 05-9232-15 y 115), cerámica hecha a mano o a torno lento-torneta (inv. 05-9232-35) y diversos
fragmentos elaborados a torno rápido como el cuello de una botella (inv. 05-9232-112) o la base de un
posible jarro con pitorro (inv. 05-9232-32).
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Fig. 4. Contexto cerámico del siglo VI
asociado a las piezas de armamento
(dibujo de R. Cebrián).
El scramasax (inv. 05-9232-214-104) se halló en el interior del recinto junto al muro UE 9233
(fig. 5.1). Por la posición de hallazgo, todo parece indicar que permanecía apoyado contra la pared de
la estancia y que cayó sobre el suelo en el momento del colapso de la construcción. Muy cerca de él se
recuperó, asimismo, una llave articulada forjada en hierro (inv. 05-9232-215-103), provista de una larga tija
y de una bisagra que permite su plegado. Se halló en posición recogida, por lo que su longitud no excede
de 29 cm, mientras que su anchura alcanza los 12 cm, correspondientes a la amplitud de sus tres dientes.
El mecanismo que accionaba este tipo de llaves aún ofrece dudas en cuanto a su funcionamiento, pero se
considera que, por su longitud, debió servir para desbloquear gruesas trancas de portones con dispositivos
de apertura-cierre situados lejos de ellos. Aunque conocido en época romana, este modelo de llave es más
frecuente en contextos tardorromanos (Fernández Ibáñez, 1999: 113), perdurando hasta época visigoda,
como demuestran los ejemplares hallados en la ciudadela de Puig Rom (Roses, Girona) y en San Esteban
de Gormaz (Soria) (Fernández Ibáñez, 2007: 223) (fig. 6.1).
También se halló junto al scramasax una pieza de bronce incompleta (inv. 05-9232-213-57) de
morfología tubular, con una longitud conservada de 8,7 cm y un diámetro máximo de 2 cm (fig. 6.2). Uno
de sus extremos se cierra en una semiesfera que, a su vez, queda rematada por una pequeña bola. Junto
a ella se dispone una pequeña perforación circular, de 0,2 cm de diámetro, para un posible elemento de
fijación. Presenta un perfil sinuoso que forma un engrosamiento hacia el extremo fragmentado, lo que
genera una superficie apta y cómoda para su agarre con la mano. Esto hace pensar en su posible función
como enmangue, aunque también podría tratarse de una contera, habiéndonos sido imposible encontrar
paralelos que nos permitan relacionarla claramente con el scramasax o con otros elementos de armamento
ofensivo arrojadizo, como lanzas o jabalinas. No obstante, la pieza recuerda morfológicamente, por
ejemplo y salvando las distancias en cuanto a los materiales empleados y su decoración, a la empuñadura
del scramasax del tesoro de Pouan (Pouan-les Vallées, Aube), fechado en la segunda mitad del siglo V
(Salin y France-Lanord, 1956: 69, fig. 9).
La segunda arma, que identificamos con un angon (inv. 05-9232-042-48) se encontró en la excavación
de la denominada Cata 16, abierta con la finalidad de registrar la secuencia estratigráfica y de verificar la
presencia de estructuras –muros o pavimentos– de los estanques del euripus del circo (fig. 5.2). Se halló
junto al único vano de acceso al edificio norte, en un contexto de abandono (UE 9232) localizado al interior
de la construcción. Tras la retirada puntual de los derrumbes a los que nos hemos referido más arriba, se
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Fig. 5. Vista aérea desde el oeste del complejo fortificado construido sobre las ruinas del circo y lugar de hallazgo
del scramasax (1) y angon (2) (fotografía aérea: equipo de investigación de Segobriga; fotografías de detalle de
R. Cebrián).
Fig. 6. Llave articulada y posible enmangue de bronce, que acompañan al hallazgo de las armas visigodas (fotografías
de R. Cebrián).
identificaron dos niveles de circulación, asociados, respectivamente, a ambas caras del muro UE 9233: por
el norte, es decir, al exterior del edificio, una capa de arena rosada, muy fina y compacta (UE 9236), que
podría corresponder a la arena del circo romano; al sur, un nivel firme y enrasado de tierra blanquecina con
nódulos de cal, algunas piedras y fragmentos de teja (UE 9234), al que cubría un nivel de ocupación (UE
9246), consistente en una fina capa de tierra oscura y compacta, con restos de carbones, cenizas y fauna,
sobre el que se encontró el angon.
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3. ESTUDIO TIPO-CRONOLÓGICO DE LAS PIEZAS
El scramasax se encontró completo, pero roto a mitad de su enmangue (fig. 7.1 y fig. 8). El arma tiene
una longitud de 63,4 cm y está totalmente forjada en hierro. En ella se distinguen morfológicamente dos
secciones, la mayor correspondiente a su hoja y la menor a la espiga de su empuñadura. La primera alcanza
47 cm de largo y 4 cm de anchura máxima, estimándose un ancho medio de 3,7 cm, de lo que resulta una
relación longitud/anchura de 11,75. Su sección describe un triángulo relativamente alargado que en su
lateral menor forma un lomo de 8 mm de grosor, disminuyendo hacia el vértice opuesto para constituir
el filo. Este se muestra recto en todo su desarrollo hasta el extremo distal del arma, que se conserva
redondeado al haberse desgastado su punta original. A 2,5 cm de ella el filo presenta una característica
muesca semicircular de unos 4 mm de espesor, resultado, tal vez, de un machetazo asestado contra un
objeto de carácter no determinado. Este tipo de mellas no son infrecuentes en las piezas de armamento y se
considera pueden ser demostrativas de su uso (Catalán et al., 2019-2020: 274, nota 8) (fig. 8.2c).
Fig. 7. Dibujo del scramasax (1) y angon (2) (dibujos
de R. Cebrián).
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El recazo traza una doble trayectoria, permaneciendo, en sus 32 cm más próximos al enmangue,
prácticamente paralelo al corte. Desde aquí converge con él en la punta, donde su sección se afila
significativamente. Un escalonamiento del lomo de 4 mm sirve para establecer la transición entre este y
la espiga de la empuñadura, que mide 16,4 cm de largo y es de sección básicamente plana (fig. 8.2b). Su
lateral superior puede considerarse recto, si acaso levemente arqueado, mientras que el opuesto describe,
en su tercio más cercano a la hoja y en su unión con el tacón, una ondulación adecuada para el acomodo
del índice del usuario.
Se conservan, especialmente en uno de los costados de la espiga, evidencias de lo que debieron ser dos
de los remaches de fijación de sus cachas (fig. 8.2a). Ambos son, como el conjunto del arma, de hierro y,
pese a la oxidación del metal, todavía puede percibirse su carácter pasante. El primero se sitúa a 3,5 cm
del inicio de la empuñadura y de él solo quedan algunos restos de apariencia redondeada. El segundo es
Fig. 8. Scramasax: estado previo a la restauración (1) y posterior (2); angon (3) (fotografías de R. Cebrián).
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el mejor conservado. Tiene forma manifiestamente circular y mide en torno a los 2 cm de diámetro. La
separación entre los ejes de ambas piezas es de 3,8 cm, de lo que cabe deducir que el puño aún pudo contar
con al menos un remache más, si no dos, en la mitad más cercana al tacón.
En el momento de su hallazgo la pieza conservaba restos de madera adherida a ambas caras de la hoja.
Se localizaron en la zona más próxima a la empuñadura, pero no en su mango, por lo que se considera que
corresponden, verosímilmente, al material con que estaba realizada su vaina, concretamente, en madera de
especies coníferas, según la identificación realizada por Y. Carrión de la Universitat de València.
El scramasax fue sometido a un proceso de restauración en el año 2005 que no comportó tratamiento
químico al conservar restos de madera. Su estado de conservación se consideró regular, encontrándose
alteraciones de su superficie con exfoliaciones asociadas a pérdida de materia. Las degradaciones consistían
en depósitos terrosos mezclados con concreciones calcáreas y combinadas con la aparición de cloruros. La
propuesta de intervención se basó en la remoción de los depósitos terrosos mediante limpieza mecánica
manual, con ayuda de bisturí y fibra de vidrio. El rebaje de la corrosión se realizó con microtorno. Se procedió
posteriormente al pegado del fragmento del enmangue con resina epoxídica. La pieza se ha conservado
desde su tratamiento inicial en el almacén del Museo de Segóbriga en un recipiente inerte hecho a medida
y guardado en bolsa de plástico cerrada con gel de sílice. La revisión del objeto llevada a cabo en 2024 ha
permitido comprobar que no había humedad en el recipiente de almacenaje, pero, a pesar de que la pieza
presentaba un buen estado de conservación, se habían producido alteraciones de desplacación superficial
que habían provocado la exfoliación y pérdida, entre otras, de las zonas de la hoja con restos de la vaina de
madera. En esta ocasión, el tratamiento realizado ha consistido en adherir las placas con resina epoxi, aunque
el fragmento que aún conservaba la madera no ha podido reintegrarse a su lugar original y se conserva suelto.
Se define como scramasax un tipo de arma blanca caracterizada específicamente por poseer hojas
rectilíneas relativamente desarrolladas de un solo filo cuyas empuñaduras pueden adoptar una posición
más o menos centrada con respecto a ellas (Pontalti, 2017: 144-145). Desde principios del siglo XX, la
clasificación de estos machetes, originarios de la Europa centro-oriental (Verger, 2000: 113), se ha realizado
a partir de su metrología. Fue E. Brenner (1912: 290), posteriormente seguido por otros investigadores, el
primero en plantear que la forma y las dimensiones de los saxes del área sajona representaban un elemento
cronológico. Más tarde, K. Böhner (1958: 130–145) estableció tres grupos de espadas de un solo filo:
estrechas –Schmal–, anchas –Breit– y largas –Langsaxe–, a partir de sus características tipológicas. A ellos
se añadiría finalmente un cuarto, las Kurzsaxe o espadas cortas (Neuffer-Müller, 1966: 28), definidas por su
menor longitud. De esta manera, la longitud y anchura de la hoja constituyen los elementos diferenciadores
utilizados para la caracterización de los tipos principales de scramasaxes, Schmalsax, Kurzsax, Breitsax y
Langsax, atendiendo asimismo a otros factores, como la longitud de la espiga de enmangue, la morfología
de la hoja y su posible decoración, en la elaboración de los repertorios tipo-cronológicos actuales (Koch,
2001; Müssemeier et al., 2003).
La evolución del arma puede seguirse especialmente a partir de los tipos establecidos por J. Wernard (1998)
para los ejemplares procedentes del sur de Alemania, donde los scramasaxes se difundieron ampliamente
entre los pueblos francos, alamanes y bávaros, que se desarrollan dentro de un marco temporal situado entre
la segunda mitad del siglo V e inicios del VIII. En otras áreas geográficas, como Italia, con piezas presentes
entre finales del siglo VI y el tercer cuarto del VII, se ha optado por una tipología simplificada en función
de la longitud del arma, que evoluciona hacia ejemplares de mayor tamaño, identificando exclusivamente
scramasaxes cortos, medios y largos (Pontalti, 2017). En la península ibérica, los ejemplares hallados
de este tipo de cuchillo no son nada frecuentes y generalmente carecen de contexto, adoptándose en su
publicación la tipología de las necrópolis merovingias, alemanas y galas (López Quiroga y Catalán, 2010:
422-423; Catalán et al., 2019-2020: fig. 8).
El scramasax segobrigense posee unas características específicas que no facilitan su clasificación precisa
dentro de estas tipologías. Por dimensiones se considera que la pieza podría ser incluida dentro de las categorías
de Schmalsax –sax estrecho– o lange Schmalsax –sax estrecho y largo– de Wernard (1998: 772-773),
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si bien su hoja de 47 cm de longitud por 3,7 cm de anchura media excede levemente de las descritas
para el tipo. Estos grandes cuchillos, que corresponden a la variante merovingia más antigua y proceden,
principalmente, de la región central del Danubio, están presentes en sepulturas fechadas entre finales del
siglo V y a lo largo de todo el siglo VI. El tipo lange Schmalsax, bien representado, por ejemplo, en la
necrópolis cercana a la localidad alemana de Pleidelsheim, registra, aunque con excepciones, longitudes
de entre 40 y 65 cm y anchuras de hoja que varían desde los 2,7 a los 3,5 cm (Koch, 2001: 64), valores en
los que sí pueden incluirse los del arma hallada en Segobriga. Su cronología, en este caso, se sitúa entre
el 510 y el 555 (Koch, 2001: 61, SD-Phasen 3-4), con un área de dispersión amplia entre el territorio
de los alamanes y la región central de Alemania e irradiaciones hacia la Borgoña franca (Koch, 2001:
Abb. 113). Sin embargo, las hojas de estas piezas describen formas que corresponden, preferentemente, al
tipo I establecido por J. Wernard (1998, Tab. 1), con filos elevados en su extremo distal que convergen con
el dorso, al contrario de lo que sucede con el ejemplar que nos ocupa, que cabría más bien incluir entre los
del tipo II, propios de los ejemplares más largos y tardíos. Pese a ello, consideramos que las dimensiones
del arma de Segobriga no permiten su clasificación entre los Langsaxe representados en los contextos
merovingios avanzados de finales del siglo VII, cuyas hojas miden como mínimo entre 50 y 60 cm de
longitud y entre 4 y 5 cm de anchura (Csiky, 2012: 12). Por esta razón, pensamos que resultaría más factible
asimilarla a los denominados por la bibliografía francófona como scramasaxes longs à lame étroite –saxes
largos de hoja estrecha– definidos en el estudio de la necrópolis de Ernstein, en el bajo Rhin (Fischbach,
2016), donde las anchuras de las hojas varían entre los 3 y 4 cm y sus longitudes entre los 36 y 45 cm
(Fischbach, 2016: fig. 3). Estos ejemplares se han datado en la segunda mitad del siglo V, con especímenes
que alcanzan la primera mitad del siglo VI. Por ello, y a la vista del contexto arqueológico al que, de
momento, podemos asociarlo, cabe razonar que se trata de un modelo de cuchillo de filiación germánica
cuya cronología debe situarse, de manera genérica, a lo largo del siglo VI.
Además, a este respecto, tal vez, conviene recordar lo que señalan las fuentes acerca de la fabricación
de armamento con el fin de dotar a los ejércitos locales (Arce, 2011: 98-99), que indican la existencia de
artesanos ocasionales, replicando modelos foráneos en los que no siempre se siguen los patrones métricos.
La segunda arma, un angon, se compone de una varilla de hierro forjado de 1,5 cm de anchura y
84 cm de longitud conservada, que pensamos debe corresponder a su mango (fig. 7.2). El asta presenta
una sección variable como resultado del proceso empleado para el adelgazamiento y alargamiento de la
pieza, que debió suponer su giro repetido y el martilleado rápido de sus caras sobre el yunque. Este modo
de trabajar se aprecia especialmente en el desarrollo retorcido de la varilla, que en su extremo proximal
presenta una sección en forma de losange para convertirse, progresivamente, en hexagonal en el resto.
Aunque incompleto, este lado se encuentra abierto, conservando el inicio de la hendidura que permitió su
unión al mango de madera mediante alambres metálicos, siguiendo el tipo Schlitztülle establecido por A.
von Schnurbein (1987: 414) (fig. 8.3b).
La pieza fue restaurada, junto al scramasax, en 2005. Su análisis previo al tratamiento de restauración
reveló un estado de conservación bastante regular, debido a que el hierro se encontraba muy alterado,
presentando abundantes deformaciones de color marrón-rojizo, formado por una masa de productos de
corrosión típicos de hierro, óxidos y carbonatos, con algunos granos de piedra y arenas añadidas. Para
eliminar esta masa que envolvía completamente la pieza se trabajó con elementos punzantes, como los
bisturís y el bisturí de punta fija, empleando el microtorno con brocas duras para su eliminación en las zonas
más compactas. Se aplicó un inhibidor para frenar la actividad de los productos de ataque exteriores en
contacto con el metal, empleándose para ello el ácido tánico. Se utilizó Incral 44 para aplicar una segunda
capa de protección. Se conserva actualmente en el almacén del Museo de Segóbriga en buen estado.
El angon es un arma arrojadiza de tipo proyectil, a modo de lanza con empuñadura de madera, que pudo
alcanzar los 2 m de longitud total (Schnurbein, 1987: 412). Se estima que su asta metálica pudo llegar a medir
entre 80 y 115 cm (Schnurbein, 1987: 416), por lo que las dimensiones de la pieza segobricense permanecen
dentro de los estándares habituales. La característica definitoria del angon es su punta, cuya forma en aletas
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R. Cebrián Fernández e I. Hortelano Uceda
ha permitido el establecimiento de cinco tipos según su morfología y sistema de sujeción (Schnurbein,
1987: 411-412). En nuestro caso, al carecer de esta parte del arma, resulta imposible identificar el tipo al que
perteneció (fig. 8.3a). Su cronología puede situarse entre el 450-600, período al que corresponde su mayor
utilización, sobre todo, en el área franca (Schnurbein, 1987: 419).
En la península ibérica no se ha identificado hasta la fecha ninguna tija de angon. Sus paralelos más
próximos se encuentran en las necrópolis galas de Saint-Dizier (Truc et al., 2005: 82-87) y de CharlevilleMézières (Perin, 1972:51-52) aunque, pese a señalarse en las Historias (II, 5-6) de Agatías que fueron
armas comunes entre los francos, su presencia en las sepulturas es rara, reservándose solo a las más ricas
(Schnurbein, 1987: 419). Algunos autores consideran que, al tratarse de armas caras y de fabricación difícil,
serían entregadas a los integrantes de los ejércitos al inicio de la campaña militar, no siendo propiedad de
los soldados (Perin y Feffer, 1987: 116). Por ello resulta significativo que en la tumba 11 de Saint-Dizier,
datada en el segundo cuarto del siglo VI, entre los objetos que acompañaban al difunto, además de un
scramasax de tipo Kurzsax, se encontrara un angon (Truc et al., 2005: fig. 8).
4. CONCLUSIONES
El hallazgo de armas en el registro arqueológico de Segobriga no es habitual. Algunas puntas de lanza de
hierro se han descubierto en niveles superficiales del foro, como una en forma de hoja de sauce, de doble
filo, de sección exterior romboidal (inv. 01-5000-3082). La pieza mide 21,6 cm de longitud y presenta una
nervadura central, que se estrecha hacia la punta y enmangue corto diferenciado. Otras tres puntas (inv.
01-5000-1392), de idénticas características y dimensiones –22/20 cm de longitud y 2 cm de diámetro–,
presentan aristas marcadas, de sección triangular, y enmangue largo, de sección circular. Su aparición en un
estrato vegetal sugiere una cronología a lo largo de la Edad Media, sin descartar su relación con la práctica
de la caza.
De un contexto funerario procede otra punta de lanza (inv. 23-18419-36), asociada a una de las tumbas
de la denominada basílica visigoda, que ha sido recientemente excavada (fig. 9). La ausencia de armamento
visigodo en sepulturas segobrigenses y su escaso número en tumbas hispano-visigodas aporta algún dato
más a la caracterización del ajuar funerario tardoantiguo. La punta de lanza tiene forma de hoja de sauce,
de sección lenticular, mide 33 cm de longitud y presenta enmangue tubular, que no se conserva completo.
Los paralelos de esta pieza se encuentran, por ejemplo, en la necrópolis de Pamplona (Mezquíriz, 1965: 59
y lám. XXII.1). Sobre su datación, la tumba puede fecharse en el siglo VII por su ubicación en la ampliación
del transepto de la iglesia, que recibió un uso funerario tras la sepultura de los obispos Sefronio, Nigrinio y
Caonio (Cebrián et al., 2019: 203-205).
El contexto de hallazgo de las armas que hemos presentado es de cronología visigoda, concretamente del
siglo VI, si bien la ausencia de excavaciones en extensión en esta zona impide contar con los datos materiales
necesarios para afianzar el marco cronológico que acompaña a la estratigrafía. Sobre la funcionalidad del
complejo en el que se encontraron, su distribución interna recuerda a los espacios fortificados con tareas
defensivas edificados en el marco de los conflictos bélicos de los siglos V al VII, que en el caso de Segobriga
pudo servir para el acantonamiento de contingentes foráneos al exterior de la ciudad con el fin de estar
protegidos, dotándose de una iglesia que daría servicio religioso a la comunidad. Sobre la integración de
una iglesia en el complejo, las fortificaciones bizantinas africanas y las del limes danubiano o sirio cuentan
con estructuras de este tipo para un uso colectivo, tales como capillas y basílicas (Vizcaíno, 2007: 424).
En una de las estructuras de habitación del interior del edificio debía encontrarse el scramasax, mientras el
angon pudo situarse en el cuerpo de guardia de la puerta norte de acceso al recinto.
Las fuentes documentales no ofrecen datos sobre la situación política en Segobriga durante el siglo VI,
salvo a partir del año 589 con la presencia de sus obispos en el III Concilio toledano (Flórez, 2003: 125131). La explicación a su designación como sede metropolitana podría encontrarse en el papel protagonista
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Las armas procedentes de un contexto del siglo VI de Segobriga
197
Fig. 9. Punta de lanza hallada en el enterramiento 34
de la denominada basílica visigoda (fotografías de R. Cebrián).
que la ciudad seguía teniendo en el ordenamiento territorial de esta zona de la Meseta como cruce de la red
viaria y paso de las vías pecuarias (Abascal y Almagro, 1999: 157). La principal vía de comunicación debía
ser la que, desde época prerromana, unía el centro peninsular con Cartagena, por la que pudieron transitar
contingentes armados durante este período convulso (Arce, 2011: 99-132). A alguno de ellos parece
corresponder un elemento de correaje militar hallado al pie de esta calzada, muy cerca de Segobriga. Se
trata de un aplique en forma de hélice, decorado con un torso masculino vestido con túnica, que constituye
un claro componente propio del cinturón militar de los ejércitos germánicos reclutados por el Imperio a
partir de la primera mitad del siglo V d. C. (Cebrián et al., 2023: n. 0472, 126-127).
Tampoco contamos con evidencias que sitúen alguna acción bélica en la ciudad o su entorno en este
período. El único acto violento, compatible con un episodio de conflicto, corresponde a las lesiones
traumáticas producidas por arma blanca, una de ellas una espada, de 6,7 cm de anchura de hoja, que se
encuentran en un cráneo procedente, muy posiblemente, de una de las tumbas de la necrópolis visigoda
excavada por M. Almagro Basch (de Miguel y Lorrio, 2004). El hecho de que se trate de una spatha
encajaría bien en un contexto tardoantiguo, más frecuente en los siglos V al VII (López Quiroga y Catalán,
2010: 419-421).
La arqueología de Segobriga ha identificado un horizonte claramente visigodo asentado sobre
considerables niveles de relleno que amortizaron íntegramente la ciudad romana. Se trata de estructuras
domésticas, asociadas a silos y fosas, construidas sobre el solar del antiguo foro y su plaza monumental
anexa y sobre el anfiteatro (Cebrián y Hortelano, 2024: 90-92). Y extramuros, en el suburbio septentrional,
ha mostrado una profunda urbanización en torno al templo martirial en el siglo VI, cuando se construyó un
complejo asistencial a los peregrinos y se reformó la iglesia (Cebrián y Hortelano, 2015: 419-421).
Estas evidencias confirman que Segobriga seguía siendo una ciudad importante en esta centuria y
que contaba con la capacidad económica para llevar a cabo nuevas edificaciones. A pesar de ello, nos
siguen faltando certezas arqueológicas que ayuden en el análisis histórico de la presencia de armamento
tipológicamente foráneo, aunque tal vez no importado –scramasax y angon– en una construcción fortificada
levantada sobre el solar del edificio lúdico del circo.
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R. Cebrián Fernández e I. Hortelano Uceda
AGRADECIMIENTOS
Las excavaciones arqueológicas realizadas en Segobriga en las campañas 2005 y 2008 fueron financiadas por la Consejería de Cultura de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y el Servicio Público de Empleo de Castilla-La
Mancha. Directores de la excavación: J. M. Abascal, M. Almagro-Gorbea y R. Cebrián. Coordinador de los trabajos
de campo: I. Hortelano. Restauradoras de las armas: Mª Dolores Torrero y Aránzazu Vaquero. Esta publicación forma
parte del proyecto PID2022-137051NB-I00, financiado por MCIN/AEI/10.13039/501100011033/FEDER, UE.
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Archivo de Prehistoria Levantina
Vol. XXXV, 2024, e9, p. 185-200
Permanent IRI: http://mupreva.org/pub/1628
Creative Commons BY-NC-SA 4.0 ES
ISSN: 0210-3230 / eISSN: 1989-0508
Rosario CEBRIÁN FERNÁNDEZ a e Ignacio HORTELANO UCEDA b
Las armas procedentes de un contexto
del siglo VI de Segobriga
RESUMEN: Este trabajo da a conocer dos piezas de armamento encontradas en la excavación de
sondeos arqueológicos en un recinto fortificado, construido sobre el solar del antiguo circo romano
de Segobriga. Se trata de un scramasax y un posible angon, que pertenecen a la panoplia habitual de
armas del mundo militar visigodo. Por el contexto arqueológico -técnica constructiva y materiales- y
la morfología de las armas, este recinto fue edificado en el siglo VI y estuvo muy poco tiempo en uso,
a juzgar por la inexistencia de reformas. Las fuentes documentales no ofrecen datos sobre la situación
política en Segobriga durante la mayor parte de esta centuria que nos ayuden a comprender el contexto
histórico de su fundación. Sin embargo, su edificación evidencia un significativo esfuerzo constructivo,
reflejo de la presencia de poderes con una importante capacidad económica.
PALABRAS CLAVE: scramasax, angon, armamento visigodo, Segobriga, siglo VI.
Weapons from a 6th century context from Segobriga
ABSTRACT: This work presents two weapons found in the excavation of archaeological surveys in
a fortified enclosure built upon the remains of the ancient Roman circus of Segobriga. These are a
scramasax and a possible angon, both belonging to the usual panoply of weapons in the Visigothic
military scene. We know, from the archaeological context - construction techniques and materials - and
the morphology of the weapons, that this enclosure was built in the 6th century and, judging by the
absence of renovations, that it was only in use for a very short time. The documentary sources do not
offer any information on the political situation in Segobriga during most of this century that would
help us to understand the historical context of its foundation. However, its construction is evidence of a
significant building effort, reflecting the presence of social groups with significant economic resources.
KEYWORDS: scramasax, angon, Visigothic armament, Segobriga, 6th century.
a
b
Universidad Complutense de Madrid
marcebri@ucm.es
Arqueólogo
ignacio.hortelano@gmail.com
Recibido: 09/09/2024. Aceptado: 08/11/2024. Publicado en línea: 25/11/2024.
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R. Cebrián Fernández e I. Hortelano Uceda
1. INTRODUCCIÓN
El conocimiento de la realidad urbana durante el período tardoantiguo en la Meseta sur ha avanzado de
manera significativa, debido, especialmente, a la investigación arqueológica de los siglos V al VII en
Consabura (Palencia García, 2022); El Tolmo de Minateda-Eio (Gamo y Gutiérrez Lloret, 2017), Oretum
(Poveda y Fuentes Sánchez, 2023), Recopolis (Olmo et al., 2020), Segobriga (Cebrián et al., 2019) y
Sisapo-La Bienvenida (Zarzalejos et al., 2017). De ellas, solo Segobriga se presenta como ejemplo de
perduración habitacional ininterrumpida desde época tardorrepublicana hasta época islámica. El registro
arqueológico segobrigense revela dinámicas urbanas de continuidades, remodelaciones, desmantelamientos
y reconstrucciones, comparables a las documentadas en otras ciudades romanas hispanas que perduraron
en la tardoantigüedad y en la época visigoda como Emerita (Alba, 2018) o Carthago Spartaria (Vizcaíno,
2018).
En estos contextos, las piezas clasificadas como armamento visigodo no son frecuentes. Si abrimos el
foco geográfico, los hallazgos de armas en el centro peninsular se han producido en necrópolis (García Entero
et al., 2017; Catalán, 2015), casi nunca en espacios de hábitat. Este vacío documental debe relacionarse con
la ausencia de excavaciones arqueológicas en espacios fortificados, donde parece más segura la existencia
de elementos de armamento (Catalán, 2020: 48).
La escasa representación de armas de los siglos V al VIII en el registro arqueológico peninsular (Ardanaz
et al., 1998; García Jiménez y Vivó, 2003) confiere un carácter singular a los ejemplares de scramasax y
angon que presentamos aquí. Proceden de un contexto material al que asignamos una cronología tardía,
perteneciente a una fase visigoda, que reocupó el solar del circo con una construcción de prácticamente
3.000 m2 de superficie. Sus sólidos muros exteriores, junto al hallazgo de estas armas, consienten su
interpretación como un recinto fortificado (Cebrián et al., 2019: 206). En su interior se detectan crujías
rectangulares en torno a un patio, compartimentadas y pavimentadas mediante suelos de cal, que podrían
corresponder a zonas de hábitat. Una de ellas se adosa por el sur a una iglesia que, en su interior, albergó
diversas inhumaciones de ritual cristiano (Abascal et al., 2009: 36). La presencia de un considerable
número de silos enterrados en el interior de este recinto resulta significativa, por cuanto puede representar
en relación con el acaparamiento y depósito de las reservas cerealistas (fig. 1).
Fig. 1. Planimetría general de Segobriga con la ubicación del
recinto fortificado edificado en el siglo VI del que proceden las
armas (plano de I. Hortelano).
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Los trabajos arqueológicos desarrollados en esta construcción se han reducido a la retirada de niveles
vegetales y a la excavación de algunas catas durante las campañas de los años 2005 y 2008, llevadas
a cabo con la finalidad de planificar futuras campañas de intervención arqueológica que, por último, e
infortunadamente, no llegaron a desarrollarse debido a la finalización de los programas de excavaciones
arqueológicas sistemáticas en yacimientos castellanos-manchegos a partir de 2010. Posteriormente, una
única prospección geofísica con georradar realizada en 2015 aportó algún dato más a la definición de su
planta arquitectónica. Los dos objetos relacionados con el equipamiento militar visigodo hallados en el
interior de este recinto fortificado parecen manifestar el acuartelamiento de un contingente foráneo sobre el
solar del antiguo edificio para espectáculos ecuestres de la civitas romana de Segobriga, de manera análoga
a lo documentado en Cartagena, donde el hallazgo de armas en el barrio bizantino construido sobre el teatro
romano se relaciona con la presencia de milites Romani (Vizcaíno, 2005).
2. EL LUGAR DE HALLAZGO DE LAS ARMAS. EL EDIFICIO LEVANTADO
EN ÉPOCA VISIGODA SOBRE LA ARENA DEL CIRCO
El gran complejo de época visigoda identificado sobre la arena del antiguo circo se sitúa en la mitad
meridional de su área central, entre los escasos restos documentados de la spina y superpuesto en parte al
tribunal iudicum de su tribuna sur. Describe en planta un rectángulo básicamente regular de 69,75 m de
longitud y 43,50 m de anchura orientado en sentido este-oeste (fig. 2).
Fig. 2. Planta del recinto visigodo construido sobre el solar del circo con indicación de las unidades estratigráficas
mencionadas en el texto. En rayado, la acumulación de materiales de construcción y cubierta identificados y en parte
excavados; con alineaciones se marcan las estructuras reconocidas por georradar (plano de I. Hortelano).
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R. Cebrián Fernández e I. Hortelano Uceda
Constructivamente se define por cuatro largas naves longitudinales que circundan perimetralmente un
espacio central libre, en apariencia, de edificaciones. En los laterales norte y este se han documentado
sendas estructuras de 6,40 m de anchura formadas, en sus fachadas exteriores, por gruesos muros de hasta
1 m de espesor y de 0,60 m en el resto. Sus fábricas se caracterizan por el empleo de grandes bloques
careados de piedra caliza y mampuestos de menor tamaño amalgamados con tierra arcillosa marrón
anaranjada y piedras menudas (UE 9233 y 9298). En ellas solo se ha identificado un único vano (UE 9254)
localizado en el centro de su cara norte, a 26,60 m de su esquina nordeste. Mide 2 m de amplitud y da paso
al interior del recinto que, por lo que indican las anomalías detectadas por medios geofísicos, se caracteriza
por la existencia de diversas paredes perpendiculares erigidas con el fin de delimitar en su interior sucesivos
ámbitos yuxtapuestos a modo de estancias. Estas permanecen totalmente sepultadas bajo extensos niveles
de derrumbe que han podido ser parcialmente documentados, compuestos por acumulaciones desordenadas
de piedras irregulares de mediano tamaño, fragmentos de teja y tierra marrón. Ocupando el extremo sur del
ala oriental, una recia estructura de planta cuadrangular, de 6,35 m de lado, podría constituir la base de un
torreón a modo de atalaya sobre la vía norte de entrada a la ciudad.
En el flanco oeste del complejo se reconoce un edificio orientado en sentido norte-sur que en total mide
27,80 m de longitud máxima por 5,40 m de anchura. Queda definido por muros construidos con bloques
irregulares de piedra y mampuestos de menor tamaño trabados con tierra. En su fábrica se emplean grandes
piedras irregularmente escuadradas para el refuerzo de las esquinas y losas dispuestas verticalmente para
la creación de las jambas de los vanos. Se compone de dos estancias rectangulares de dimensiones muy
semejantes situadas a ambos lados de un ámbito menor central abierto hacia levante. Este mide tan solo
2,70 m de ancho y en su interior se documenta un nivel de derrumbe (UE 9987) compuesto por abundantes
mampuestos y tejas troceadas. Probablemente constituyó la estructura de acceso original al recinto, pero
debió ser cegada posteriormente (UE 9973) en un momento que no ha sido determinado.
A la estancia norte se ingresa desde el este por medio de un estrecho vano (UE 9993) de 1,24 m de
amplitud. Frente a él, y trasdosado a la cara interior de su lateral oeste, se localiza un posible banco corrido
(UE 9994) de al menos 3,50 m de longitud. Un nivel de tejas y piedras (UE 9995), caído sobre un paquete
negruzco y fino de abandono (UE 9996), cubre su interior, de 42,25 m2 de superficie total.
La habitación situada más al sur tiene una superficie total de 30,47 m2 y dispone de dos puertas
prácticamente enfrentadas que se abren a mitad de sus lados largos. El vano exterior (UE 9990), de 1,84 m
de ancho, conserva las dos quicialeras correspondientes a su puerta de doble batiente, mientras que el
opuesto, situado en el lateral oriental, mide tan solo 1,05 m de amplio. Un nivel de derrumbe de piedras y
teja (UE 9997) cubre por completo su interior (fig. 3).
Un edificio singular ocupa la práctica totalidad del costado meridional del complejo, superponiéndose
a los niveles de reocupación tardorromanos de la tribuna y del graderío sur del circo. Este sector ya había
sido objeto de excavaciones a finales del siglo XIX, dirigidas por P. Quintero Atauri bajo el auspicio de
R. L. Thompson, y de limpieza y reexcavación en 1973, bajo la dirección de M. Almagro Basch y de F. Suay,
evidenciándose ya la intensa reocupación en época tardía y visigoda de las que entonces se interpretaron
como carceres del circo (Almagro Basch, 1977: 12 y láms. I y II). Algunas de estas estructuras tienen
orientaciones equivalentes a las del complejo ya descrito e idénticos aparejos, de grandes bloques de piedra
combinados irregularmente con mampuestos de menor tamaño, de lo que cabe deducir que corresponden
al mismo proyecto constructivo.
Los muros, de 1 m de grosor, delinean una nave muy alargada y estrecha cuyos lados largos (UE
9175 y 9177) no corren paralelos entre sí, sino que convergen hacia el extremo oriental. La anchura del
edificio varía entre 6,70 y 6,10 m, siendo su longitud máxima de 40,60 m. El muro UE 9174 con un alzado
conservado de más de 1,30 m, constituye su costado oeste, mientras que en el lado opuesto se remata por
medio de tres muros escuadrados (UE 9031, 9044 y 9049) que forman un pequeño ábside cuadrangular de
3,60 m de lado, retranqueado 1,20 m con respecto a los laterales de la construcción. Un posible machón de
0,90 m de anchura, soportado sobre un sillar sobresaliente 0,80 m de la cara interna del muro sur, se sitúa
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Fig. 3. Proceso de excavación de los niveles de derrumbe
del extremo sureste del recinto fortificado visigodo
(fotografía de I. Hortelano).
a una distancia de 5,35 m de los hombros definidos por el ábside. Demarca un ámbito de cabecera en cuyo
interior se reconoce la estructura de diversas tumbas de inhumación, dos de ellas yuxtapuestas al muro
norte, otra ocupando la zona central y al menos una cuarta, y tal vez otra más, junto al muro meridional.
Se registran, de igual modo, un mínimo de otras siete sepulturas en el resto del edificio, especialmente
agrupadas hacia su extremo oriental, siempre orientadas en paralelo a su eje longitudinal y ocupando los
laterales de la nave, así como un número no determinado de ellas situadas en torno a su ábside.
El estado de conservación del conjunto no permite identificar la ubicación exacta del acceso al edificio,
cuyo interior ha perdido su nivel de circulación original como consecuencia de su sobreexcavación. No
obstante, resulta admisible proponer que se dispusiera en su flanco norte, abierto al patio central del
complejo.
En este espacio central, que aparentemente permaneció a lo largo de este período libre de construcciones,
los únicos indicios documentados arqueológicamente son numerosas estructuras subterráneas de
almacenamiento. Se distribuyen de manera irregular preferentemente fuera de los ámbitos construidos,
habiéndose reconocido al menos dieciséis por medios geofísicos y otros tres en excavación.
El lugar de hallazgo de las armas se sitúa en el lado norte de este complejo. Se recuperaron en un
nivel de abandono previo al derrumbe de las estructuras constructivas –muros y cubiertas–, que constituye
uno de los estratos excavados en esta área que ha proporcionado más elementos de cultura material. Un
número significativo de los fragmentos cerámicos se enmarca cronológicamente entre finales del siglo I y
la siguiente centuria y, verosímilmente, procede de la alteración de los paquetes infrapuestos relacionados
con la construcción del circo. No obstante, la datación del contexto se establece en función de un conjunto
homogéneo de producciones propias del siglo VI (fig. 4), como son varios bordes de cerámica de cocina
(inv. 05-9232-15 y 115), cerámica hecha a mano o a torno lento-torneta (inv. 05-9232-35) y diversos
fragmentos elaborados a torno rápido como el cuello de una botella (inv. 05-9232-112) o la base de un
posible jarro con pitorro (inv. 05-9232-32).
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R. Cebrián Fernández e I. Hortelano Uceda
Fig. 4. Contexto cerámico del siglo VI
asociado a las piezas de armamento
(dibujo de R. Cebrián).
El scramasax (inv. 05-9232-214-104) se halló en el interior del recinto junto al muro UE 9233
(fig. 5.1). Por la posición de hallazgo, todo parece indicar que permanecía apoyado contra la pared de
la estancia y que cayó sobre el suelo en el momento del colapso de la construcción. Muy cerca de él se
recuperó, asimismo, una llave articulada forjada en hierro (inv. 05-9232-215-103), provista de una larga tija
y de una bisagra que permite su plegado. Se halló en posición recogida, por lo que su longitud no excede
de 29 cm, mientras que su anchura alcanza los 12 cm, correspondientes a la amplitud de sus tres dientes.
El mecanismo que accionaba este tipo de llaves aún ofrece dudas en cuanto a su funcionamiento, pero se
considera que, por su longitud, debió servir para desbloquear gruesas trancas de portones con dispositivos
de apertura-cierre situados lejos de ellos. Aunque conocido en época romana, este modelo de llave es más
frecuente en contextos tardorromanos (Fernández Ibáñez, 1999: 113), perdurando hasta época visigoda,
como demuestran los ejemplares hallados en la ciudadela de Puig Rom (Roses, Girona) y en San Esteban
de Gormaz (Soria) (Fernández Ibáñez, 2007: 223) (fig. 6.1).
También se halló junto al scramasax una pieza de bronce incompleta (inv. 05-9232-213-57) de
morfología tubular, con una longitud conservada de 8,7 cm y un diámetro máximo de 2 cm (fig. 6.2). Uno
de sus extremos se cierra en una semiesfera que, a su vez, queda rematada por una pequeña bola. Junto
a ella se dispone una pequeña perforación circular, de 0,2 cm de diámetro, para un posible elemento de
fijación. Presenta un perfil sinuoso que forma un engrosamiento hacia el extremo fragmentado, lo que
genera una superficie apta y cómoda para su agarre con la mano. Esto hace pensar en su posible función
como enmangue, aunque también podría tratarse de una contera, habiéndonos sido imposible encontrar
paralelos que nos permitan relacionarla claramente con el scramasax o con otros elementos de armamento
ofensivo arrojadizo, como lanzas o jabalinas. No obstante, la pieza recuerda morfológicamente, por
ejemplo y salvando las distancias en cuanto a los materiales empleados y su decoración, a la empuñadura
del scramasax del tesoro de Pouan (Pouan-les Vallées, Aube), fechado en la segunda mitad del siglo V
(Salin y France-Lanord, 1956: 69, fig. 9).
La segunda arma, que identificamos con un angon (inv. 05-9232-042-48) se encontró en la excavación
de la denominada Cata 16, abierta con la finalidad de registrar la secuencia estratigráfica y de verificar la
presencia de estructuras –muros o pavimentos– de los estanques del euripus del circo (fig. 5.2). Se halló
junto al único vano de acceso al edificio norte, en un contexto de abandono (UE 9232) localizado al interior
de la construcción. Tras la retirada puntual de los derrumbes a los que nos hemos referido más arriba, se
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Fig. 5. Vista aérea desde el oeste del complejo fortificado construido sobre las ruinas del circo y lugar de hallazgo
del scramasax (1) y angon (2) (fotografía aérea: equipo de investigación de Segobriga; fotografías de detalle de
R. Cebrián).
Fig. 6. Llave articulada y posible enmangue de bronce, que acompañan al hallazgo de las armas visigodas (fotografías
de R. Cebrián).
identificaron dos niveles de circulación, asociados, respectivamente, a ambas caras del muro UE 9233: por
el norte, es decir, al exterior del edificio, una capa de arena rosada, muy fina y compacta (UE 9236), que
podría corresponder a la arena del circo romano; al sur, un nivel firme y enrasado de tierra blanquecina con
nódulos de cal, algunas piedras y fragmentos de teja (UE 9234), al que cubría un nivel de ocupación (UE
9246), consistente en una fina capa de tierra oscura y compacta, con restos de carbones, cenizas y fauna,
sobre el que se encontró el angon.
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R. Cebrián Fernández e I. Hortelano Uceda
3. ESTUDIO TIPO-CRONOLÓGICO DE LAS PIEZAS
El scramasax se encontró completo, pero roto a mitad de su enmangue (fig. 7.1 y fig. 8). El arma tiene
una longitud de 63,4 cm y está totalmente forjada en hierro. En ella se distinguen morfológicamente dos
secciones, la mayor correspondiente a su hoja y la menor a la espiga de su empuñadura. La primera alcanza
47 cm de largo y 4 cm de anchura máxima, estimándose un ancho medio de 3,7 cm, de lo que resulta una
relación longitud/anchura de 11,75. Su sección describe un triángulo relativamente alargado que en su
lateral menor forma un lomo de 8 mm de grosor, disminuyendo hacia el vértice opuesto para constituir
el filo. Este se muestra recto en todo su desarrollo hasta el extremo distal del arma, que se conserva
redondeado al haberse desgastado su punta original. A 2,5 cm de ella el filo presenta una característica
muesca semicircular de unos 4 mm de espesor, resultado, tal vez, de un machetazo asestado contra un
objeto de carácter no determinado. Este tipo de mellas no son infrecuentes en las piezas de armamento y se
considera pueden ser demostrativas de su uso (Catalán et al., 2019-2020: 274, nota 8) (fig. 8.2c).
Fig. 7. Dibujo del scramasax (1) y angon (2) (dibujos
de R. Cebrián).
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El recazo traza una doble trayectoria, permaneciendo, en sus 32 cm más próximos al enmangue,
prácticamente paralelo al corte. Desde aquí converge con él en la punta, donde su sección se afila
significativamente. Un escalonamiento del lomo de 4 mm sirve para establecer la transición entre este y
la espiga de la empuñadura, que mide 16,4 cm de largo y es de sección básicamente plana (fig. 8.2b). Su
lateral superior puede considerarse recto, si acaso levemente arqueado, mientras que el opuesto describe,
en su tercio más cercano a la hoja y en su unión con el tacón, una ondulación adecuada para el acomodo
del índice del usuario.
Se conservan, especialmente en uno de los costados de la espiga, evidencias de lo que debieron ser dos
de los remaches de fijación de sus cachas (fig. 8.2a). Ambos son, como el conjunto del arma, de hierro y,
pese a la oxidación del metal, todavía puede percibirse su carácter pasante. El primero se sitúa a 3,5 cm
del inicio de la empuñadura y de él solo quedan algunos restos de apariencia redondeada. El segundo es
Fig. 8. Scramasax: estado previo a la restauración (1) y posterior (2); angon (3) (fotografías de R. Cebrián).
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R. Cebrián Fernández e I. Hortelano Uceda
el mejor conservado. Tiene forma manifiestamente circular y mide en torno a los 2 cm de diámetro. La
separación entre los ejes de ambas piezas es de 3,8 cm, de lo que cabe deducir que el puño aún pudo contar
con al menos un remache más, si no dos, en la mitad más cercana al tacón.
En el momento de su hallazgo la pieza conservaba restos de madera adherida a ambas caras de la hoja.
Se localizaron en la zona más próxima a la empuñadura, pero no en su mango, por lo que se considera que
corresponden, verosímilmente, al material con que estaba realizada su vaina, concretamente, en madera de
especies coníferas, según la identificación realizada por Y. Carrión de la Universitat de València.
El scramasax fue sometido a un proceso de restauración en el año 2005 que no comportó tratamiento
químico al conservar restos de madera. Su estado de conservación se consideró regular, encontrándose
alteraciones de su superficie con exfoliaciones asociadas a pérdida de materia. Las degradaciones consistían
en depósitos terrosos mezclados con concreciones calcáreas y combinadas con la aparición de cloruros. La
propuesta de intervención se basó en la remoción de los depósitos terrosos mediante limpieza mecánica
manual, con ayuda de bisturí y fibra de vidrio. El rebaje de la corrosión se realizó con microtorno. Se procedió
posteriormente al pegado del fragmento del enmangue con resina epoxídica. La pieza se ha conservado
desde su tratamiento inicial en el almacén del Museo de Segóbriga en un recipiente inerte hecho a medida
y guardado en bolsa de plástico cerrada con gel de sílice. La revisión del objeto llevada a cabo en 2024 ha
permitido comprobar que no había humedad en el recipiente de almacenaje, pero, a pesar de que la pieza
presentaba un buen estado de conservación, se habían producido alteraciones de desplacación superficial
que habían provocado la exfoliación y pérdida, entre otras, de las zonas de la hoja con restos de la vaina de
madera. En esta ocasión, el tratamiento realizado ha consistido en adherir las placas con resina epoxi, aunque
el fragmento que aún conservaba la madera no ha podido reintegrarse a su lugar original y se conserva suelto.
Se define como scramasax un tipo de arma blanca caracterizada específicamente por poseer hojas
rectilíneas relativamente desarrolladas de un solo filo cuyas empuñaduras pueden adoptar una posición
más o menos centrada con respecto a ellas (Pontalti, 2017: 144-145). Desde principios del siglo XX, la
clasificación de estos machetes, originarios de la Europa centro-oriental (Verger, 2000: 113), se ha realizado
a partir de su metrología. Fue E. Brenner (1912: 290), posteriormente seguido por otros investigadores, el
primero en plantear que la forma y las dimensiones de los saxes del área sajona representaban un elemento
cronológico. Más tarde, K. Böhner (1958: 130–145) estableció tres grupos de espadas de un solo filo:
estrechas –Schmal–, anchas –Breit– y largas –Langsaxe–, a partir de sus características tipológicas. A ellos
se añadiría finalmente un cuarto, las Kurzsaxe o espadas cortas (Neuffer-Müller, 1966: 28), definidas por su
menor longitud. De esta manera, la longitud y anchura de la hoja constituyen los elementos diferenciadores
utilizados para la caracterización de los tipos principales de scramasaxes, Schmalsax, Kurzsax, Breitsax y
Langsax, atendiendo asimismo a otros factores, como la longitud de la espiga de enmangue, la morfología
de la hoja y su posible decoración, en la elaboración de los repertorios tipo-cronológicos actuales (Koch,
2001; Müssemeier et al., 2003).
La evolución del arma puede seguirse especialmente a partir de los tipos establecidos por J. Wernard (1998)
para los ejemplares procedentes del sur de Alemania, donde los scramasaxes se difundieron ampliamente
entre los pueblos francos, alamanes y bávaros, que se desarrollan dentro de un marco temporal situado entre
la segunda mitad del siglo V e inicios del VIII. En otras áreas geográficas, como Italia, con piezas presentes
entre finales del siglo VI y el tercer cuarto del VII, se ha optado por una tipología simplificada en función
de la longitud del arma, que evoluciona hacia ejemplares de mayor tamaño, identificando exclusivamente
scramasaxes cortos, medios y largos (Pontalti, 2017). En la península ibérica, los ejemplares hallados
de este tipo de cuchillo no son nada frecuentes y generalmente carecen de contexto, adoptándose en su
publicación la tipología de las necrópolis merovingias, alemanas y galas (López Quiroga y Catalán, 2010:
422-423; Catalán et al., 2019-2020: fig. 8).
El scramasax segobrigense posee unas características específicas que no facilitan su clasificación precisa
dentro de estas tipologías. Por dimensiones se considera que la pieza podría ser incluida dentro de las categorías
de Schmalsax –sax estrecho– o lange Schmalsax –sax estrecho y largo– de Wernard (1998: 772-773),
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si bien su hoja de 47 cm de longitud por 3,7 cm de anchura media excede levemente de las descritas
para el tipo. Estos grandes cuchillos, que corresponden a la variante merovingia más antigua y proceden,
principalmente, de la región central del Danubio, están presentes en sepulturas fechadas entre finales del
siglo V y a lo largo de todo el siglo VI. El tipo lange Schmalsax, bien representado, por ejemplo, en la
necrópolis cercana a la localidad alemana de Pleidelsheim, registra, aunque con excepciones, longitudes
de entre 40 y 65 cm y anchuras de hoja que varían desde los 2,7 a los 3,5 cm (Koch, 2001: 64), valores en
los que sí pueden incluirse los del arma hallada en Segobriga. Su cronología, en este caso, se sitúa entre
el 510 y el 555 (Koch, 2001: 61, SD-Phasen 3-4), con un área de dispersión amplia entre el territorio
de los alamanes y la región central de Alemania e irradiaciones hacia la Borgoña franca (Koch, 2001:
Abb. 113). Sin embargo, las hojas de estas piezas describen formas que corresponden, preferentemente, al
tipo I establecido por J. Wernard (1998, Tab. 1), con filos elevados en su extremo distal que convergen con
el dorso, al contrario de lo que sucede con el ejemplar que nos ocupa, que cabría más bien incluir entre los
del tipo II, propios de los ejemplares más largos y tardíos. Pese a ello, consideramos que las dimensiones
del arma de Segobriga no permiten su clasificación entre los Langsaxe representados en los contextos
merovingios avanzados de finales del siglo VII, cuyas hojas miden como mínimo entre 50 y 60 cm de
longitud y entre 4 y 5 cm de anchura (Csiky, 2012: 12). Por esta razón, pensamos que resultaría más factible
asimilarla a los denominados por la bibliografía francófona como scramasaxes longs à lame étroite –saxes
largos de hoja estrecha– definidos en el estudio de la necrópolis de Ernstein, en el bajo Rhin (Fischbach,
2016), donde las anchuras de las hojas varían entre los 3 y 4 cm y sus longitudes entre los 36 y 45 cm
(Fischbach, 2016: fig. 3). Estos ejemplares se han datado en la segunda mitad del siglo V, con especímenes
que alcanzan la primera mitad del siglo VI. Por ello, y a la vista del contexto arqueológico al que, de
momento, podemos asociarlo, cabe razonar que se trata de un modelo de cuchillo de filiación germánica
cuya cronología debe situarse, de manera genérica, a lo largo del siglo VI.
Además, a este respecto, tal vez, conviene recordar lo que señalan las fuentes acerca de la fabricación
de armamento con el fin de dotar a los ejércitos locales (Arce, 2011: 98-99), que indican la existencia de
artesanos ocasionales, replicando modelos foráneos en los que no siempre se siguen los patrones métricos.
La segunda arma, un angon, se compone de una varilla de hierro forjado de 1,5 cm de anchura y
84 cm de longitud conservada, que pensamos debe corresponder a su mango (fig. 7.2). El asta presenta
una sección variable como resultado del proceso empleado para el adelgazamiento y alargamiento de la
pieza, que debió suponer su giro repetido y el martilleado rápido de sus caras sobre el yunque. Este modo
de trabajar se aprecia especialmente en el desarrollo retorcido de la varilla, que en su extremo proximal
presenta una sección en forma de losange para convertirse, progresivamente, en hexagonal en el resto.
Aunque incompleto, este lado se encuentra abierto, conservando el inicio de la hendidura que permitió su
unión al mango de madera mediante alambres metálicos, siguiendo el tipo Schlitztülle establecido por A.
von Schnurbein (1987: 414) (fig. 8.3b).
La pieza fue restaurada, junto al scramasax, en 2005. Su análisis previo al tratamiento de restauración
reveló un estado de conservación bastante regular, debido a que el hierro se encontraba muy alterado,
presentando abundantes deformaciones de color marrón-rojizo, formado por una masa de productos de
corrosión típicos de hierro, óxidos y carbonatos, con algunos granos de piedra y arenas añadidas. Para
eliminar esta masa que envolvía completamente la pieza se trabajó con elementos punzantes, como los
bisturís y el bisturí de punta fija, empleando el microtorno con brocas duras para su eliminación en las zonas
más compactas. Se aplicó un inhibidor para frenar la actividad de los productos de ataque exteriores en
contacto con el metal, empleándose para ello el ácido tánico. Se utilizó Incral 44 para aplicar una segunda
capa de protección. Se conserva actualmente en el almacén del Museo de Segóbriga en buen estado.
El angon es un arma arrojadiza de tipo proyectil, a modo de lanza con empuñadura de madera, que pudo
alcanzar los 2 m de longitud total (Schnurbein, 1987: 412). Se estima que su asta metálica pudo llegar a medir
entre 80 y 115 cm (Schnurbein, 1987: 416), por lo que las dimensiones de la pieza segobricense permanecen
dentro de los estándares habituales. La característica definitoria del angon es su punta, cuya forma en aletas
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ha permitido el establecimiento de cinco tipos según su morfología y sistema de sujeción (Schnurbein,
1987: 411-412). En nuestro caso, al carecer de esta parte del arma, resulta imposible identificar el tipo al que
perteneció (fig. 8.3a). Su cronología puede situarse entre el 450-600, período al que corresponde su mayor
utilización, sobre todo, en el área franca (Schnurbein, 1987: 419).
En la península ibérica no se ha identificado hasta la fecha ninguna tija de angon. Sus paralelos más
próximos se encuentran en las necrópolis galas de Saint-Dizier (Truc et al., 2005: 82-87) y de CharlevilleMézières (Perin, 1972:51-52) aunque, pese a señalarse en las Historias (II, 5-6) de Agatías que fueron
armas comunes entre los francos, su presencia en las sepulturas es rara, reservándose solo a las más ricas
(Schnurbein, 1987: 419). Algunos autores consideran que, al tratarse de armas caras y de fabricación difícil,
serían entregadas a los integrantes de los ejércitos al inicio de la campaña militar, no siendo propiedad de
los soldados (Perin y Feffer, 1987: 116). Por ello resulta significativo que en la tumba 11 de Saint-Dizier,
datada en el segundo cuarto del siglo VI, entre los objetos que acompañaban al difunto, además de un
scramasax de tipo Kurzsax, se encontrara un angon (Truc et al., 2005: fig. 8).
4. CONCLUSIONES
El hallazgo de armas en el registro arqueológico de Segobriga no es habitual. Algunas puntas de lanza de
hierro se han descubierto en niveles superficiales del foro, como una en forma de hoja de sauce, de doble
filo, de sección exterior romboidal (inv. 01-5000-3082). La pieza mide 21,6 cm de longitud y presenta una
nervadura central, que se estrecha hacia la punta y enmangue corto diferenciado. Otras tres puntas (inv.
01-5000-1392), de idénticas características y dimensiones –22/20 cm de longitud y 2 cm de diámetro–,
presentan aristas marcadas, de sección triangular, y enmangue largo, de sección circular. Su aparición en un
estrato vegetal sugiere una cronología a lo largo de la Edad Media, sin descartar su relación con la práctica
de la caza.
De un contexto funerario procede otra punta de lanza (inv. 23-18419-36), asociada a una de las tumbas
de la denominada basílica visigoda, que ha sido recientemente excavada (fig. 9). La ausencia de armamento
visigodo en sepulturas segobrigenses y su escaso número en tumbas hispano-visigodas aporta algún dato
más a la caracterización del ajuar funerario tardoantiguo. La punta de lanza tiene forma de hoja de sauce,
de sección lenticular, mide 33 cm de longitud y presenta enmangue tubular, que no se conserva completo.
Los paralelos de esta pieza se encuentran, por ejemplo, en la necrópolis de Pamplona (Mezquíriz, 1965: 59
y lám. XXII.1). Sobre su datación, la tumba puede fecharse en el siglo VII por su ubicación en la ampliación
del transepto de la iglesia, que recibió un uso funerario tras la sepultura de los obispos Sefronio, Nigrinio y
Caonio (Cebrián et al., 2019: 203-205).
El contexto de hallazgo de las armas que hemos presentado es de cronología visigoda, concretamente del
siglo VI, si bien la ausencia de excavaciones en extensión en esta zona impide contar con los datos materiales
necesarios para afianzar el marco cronológico que acompaña a la estratigrafía. Sobre la funcionalidad del
complejo en el que se encontraron, su distribución interna recuerda a los espacios fortificados con tareas
defensivas edificados en el marco de los conflictos bélicos de los siglos V al VII, que en el caso de Segobriga
pudo servir para el acantonamiento de contingentes foráneos al exterior de la ciudad con el fin de estar
protegidos, dotándose de una iglesia que daría servicio religioso a la comunidad. Sobre la integración de
una iglesia en el complejo, las fortificaciones bizantinas africanas y las del limes danubiano o sirio cuentan
con estructuras de este tipo para un uso colectivo, tales como capillas y basílicas (Vizcaíno, 2007: 424).
En una de las estructuras de habitación del interior del edificio debía encontrarse el scramasax, mientras el
angon pudo situarse en el cuerpo de guardia de la puerta norte de acceso al recinto.
Las fuentes documentales no ofrecen datos sobre la situación política en Segobriga durante el siglo VI,
salvo a partir del año 589 con la presencia de sus obispos en el III Concilio toledano (Flórez, 2003: 125131). La explicación a su designación como sede metropolitana podría encontrarse en el papel protagonista
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Las armas procedentes de un contexto del siglo VI de Segobriga
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Fig. 9. Punta de lanza hallada en el enterramiento 34
de la denominada basílica visigoda (fotografías de R. Cebrián).
que la ciudad seguía teniendo en el ordenamiento territorial de esta zona de la Meseta como cruce de la red
viaria y paso de las vías pecuarias (Abascal y Almagro, 1999: 157). La principal vía de comunicación debía
ser la que, desde época prerromana, unía el centro peninsular con Cartagena, por la que pudieron transitar
contingentes armados durante este período convulso (Arce, 2011: 99-132). A alguno de ellos parece
corresponder un elemento de correaje militar hallado al pie de esta calzada, muy cerca de Segobriga. Se
trata de un aplique en forma de hélice, decorado con un torso masculino vestido con túnica, que constituye
un claro componente propio del cinturón militar de los ejércitos germánicos reclutados por el Imperio a
partir de la primera mitad del siglo V d. C. (Cebrián et al., 2023: n. 0472, 126-127).
Tampoco contamos con evidencias que sitúen alguna acción bélica en la ciudad o su entorno en este
período. El único acto violento, compatible con un episodio de conflicto, corresponde a las lesiones
traumáticas producidas por arma blanca, una de ellas una espada, de 6,7 cm de anchura de hoja, que se
encuentran en un cráneo procedente, muy posiblemente, de una de las tumbas de la necrópolis visigoda
excavada por M. Almagro Basch (de Miguel y Lorrio, 2004). El hecho de que se trate de una spatha
encajaría bien en un contexto tardoantiguo, más frecuente en los siglos V al VII (López Quiroga y Catalán,
2010: 419-421).
La arqueología de Segobriga ha identificado un horizonte claramente visigodo asentado sobre
considerables niveles de relleno que amortizaron íntegramente la ciudad romana. Se trata de estructuras
domésticas, asociadas a silos y fosas, construidas sobre el solar del antiguo foro y su plaza monumental
anexa y sobre el anfiteatro (Cebrián y Hortelano, 2024: 90-92). Y extramuros, en el suburbio septentrional,
ha mostrado una profunda urbanización en torno al templo martirial en el siglo VI, cuando se construyó un
complejo asistencial a los peregrinos y se reformó la iglesia (Cebrián y Hortelano, 2015: 419-421).
Estas evidencias confirman que Segobriga seguía siendo una ciudad importante en esta centuria y
que contaba con la capacidad económica para llevar a cabo nuevas edificaciones. A pesar de ello, nos
siguen faltando certezas arqueológicas que ayuden en el análisis histórico de la presencia de armamento
tipológicamente foráneo, aunque tal vez no importado –scramasax y angon– en una construcción fortificada
levantada sobre el solar del edificio lúdico del circo.
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R. Cebrián Fernández e I. Hortelano Uceda
AGRADECIMIENTOS
Las excavaciones arqueológicas realizadas en Segobriga en las campañas 2005 y 2008 fueron financiadas por la Consejería de Cultura de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y el Servicio Público de Empleo de Castilla-La
Mancha. Directores de la excavación: J. M. Abascal, M. Almagro-Gorbea y R. Cebrián. Coordinador de los trabajos
de campo: I. Hortelano. Restauradoras de las armas: Mª Dolores Torrero y Aránzazu Vaquero. Esta publicación forma
parte del proyecto PID2022-137051NB-I00, financiado por MCIN/AEI/10.13039/501100011033/FEDER, UE.
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