La Bastida de les Alcusses

Moixent, Valencia

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El descubrimiento y las primeras excavaciones

Las noticias sobre restos antiguos en la loma de la Bastida de les Alcusses de Moixent se remontan al verano de 1909 cuando Luis Tortosa, natural de Ontinyent, con motivo de la catalogación de monumentos de la provincia de Valencia, comunicó a Isidro Ballester, diputado provincial y buen conocedor de la arqueología de la zona, la existencia de un gran “despoblado”. Por la importancia y superficie del asentamiento, Ballester fue consciente que sólo se podría abordar una gran excavación desde el respaldo de una institución, empresa que llevó a cabo en 1927 con la creación del SIP.

La intervención en la Bastida debe enmarcarse, pues, en la planificación de actividades de campo del Servicio de Investigación Prehistórica, creado en 1927. En junio de 1928 solicitó la autorización para intervenir en la Bastida y en otros dos emblemáticos yacimientos valencianos: la Cova Negra de Xàtiva y la Cova del Parpalló de Gandia. Los trabajos en la Bastida quedaron encomendados a Luis Pericot, Mariano Jornet, Gonzalo Viñes y Emili Gómez Nadal bajo la dirección de Ballester durante cuatro años, entre 1928 y 1931. De la importancia de los restos exumados y publicados da cuenta el hecho de que las ‘Ruinas de la Bastida’ fueron declaradas Monumento Histórico-Artístico por Real Decreto de 3 de junio de 1931 del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes (Gaceta de Madrid 155, de 4 de junio de 1931). 

A partir de 1932 las excavaciones se interrumpieron por reducción presupuestaria y se dedicaron los esfuerzos a escavar en Llíria, más próxima a Valencia. En palabras de Pericot: “no era posible pensar en 1932 y 1933 en excavaciones importantes, tal como se había realizado hasta entonces [se refiere a Bastida, la Cova del Parpalló y la Cova Negra] pues a falta de estaciones lejanas pareció que podría aprovecharse la proximidad y buenas comunicaciones de Liria con la capital para realizar breves prospecciones”; continúa diciendo que “muy pronto se hizo patente que la cerámica de San Miguel era especialmente rica” y “que el cerro merecía una excavación más cuidada”.

 

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El registro de una excavación excepcional

La labor del trabajo de campo de los años 1928-1931 está recogida en siete diarios cuyas páginas ofrecen información estratigráfica, croquis, dibujos y datos diversos del transcurso de las campañas.