La Bastida de les Alcusses

Moixent, Valencia

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El registro de una excavación excepcional

La aportación del archivo documental y fotográfico del SIP es fundamental para recuperar la historia del yacimiento. Los diarios de excavación de los años 1928-1931 constituyen una joya documental para reconstruir la metodología de las campañas, e interpretar y contextualizar los objetos y restos hallados. Además, en los diarios se anotaba todo cuanto sucedía durante la campaña, con más o menos detalle según quien estuviera al cargo: las visitas que se recibían, el tiempo que hacía, contabilidades, y otros detalles o anécdotas quedaban reflejadas.

El archivo fotográfico del SIP cuenta con 280 negativos, en soporte de vidrio y pasta, de las campañas y de los materiales recuperados entre 1928 y 1931. Las fotografías reflejan mayoritariamente el proceso de la excavación con vistas generales del yacimiento, el equipo de trabajo, detalles de la excavación o de los materiales in situ, imágenes todas ellas realizadas por los propios directores o responsables de la excavación. No faltan tampoco instantáneas del Pla de les Alcusses, algunas de ellas mostrando escenas de la vida cotidiana en el campo como el trillado, o la recogida de maleza. Ya en el Museo, se encargaron fotografías de las piezas más interesantes a profesionales como Joaquín Adell, de la Casa Grollo de Valencia.

Ballester dispuso que el trabajo de excavación se realizara con varias personas a pie de campo, y que una persona fuera la responsable de anotar en el diario los hallazgos y su ubicación. Se podía hablar de un verdadero equipo donde el director y los ayudantes se alternaban escribiendo el diario de excavaciones como revela la sucesión de caligrafías y dibujos de Pericot, Jornet o Gómez Nadal y más excepcionalmente de Viñes. Ballester visitaba regularmente la excavación, y aunque no estuviera allí siempre seguía de cerca su transcurso manteniendo correspondencia con los colaboradores casi diariamente. Cuando estaba presente, a veces escribía al margen del diario en curso, pidiendo más detalles en los datos expuestos acerca de tal o cual hallazgo, e incluso corrigiendo directamente algunos dibujos o anotaciones de los demás.

Se iniciaban las excavaciones montando el campamento de tiendas y se rozaba el monte para preparar la excavación. La comisión de excavaciones y el personal a sus ordenes se hospedaban en dos fincas de labor sitas al pie de la Bastida, la Casa de Palmi y la Casa Bas. El capataz Espí se ocupaba de la intendencia y controlaba la colla de obreros. Esencial fue la selección de obreros especializados procedentes de Atzeneta d’Albaida que llevaban una veintena de años trabajando con Ballester desde que emprendió las primeras excavaciones en el poblado ibérico de la Covalta en 1906: “se ha dado el caso de una villa con buena parte de su población agrícola especializada en excavaciones arqueológicas. Y durante muchos veranos una parte de la población masculina, después de ir a la siembra del arroz y antes de la siega del cereal en la Ribera, salía para lo que la gente del pueblo llamaba la campaña de la Colla de l’Os y con el módico jornal de 5 pesetas se mantenían y ahorraban para la familia”, en palabras de Pericot.

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